MASLD es la denominación actual de lo que muchos pacientes conocen como «hígado graso no alcohólico». El término destaca la relación con la disfunción metabólica: obesidad abdominal, resistencia a la insulina, prediabetes, diabetes de tipo 2, triglicéridos elevados o hipertensión.
¿Por qué importa el hígado graso?
En muchas personas, el hígado graso no produce síntomas. Sin embargo, en algunos pacientes puede progresar a inflamación hepática (MASH), fibrosis, cirrosis o complicaciones hepáticas. El riesgo es mayor cuando existe diabetes de tipo 2, obesidad o síndrome metabólico.
¿Qué análisis pueden despertar la sospecha?
Los análisis hepáticos como ALT, AST y GGT pueden estar alterados, pero también ser normales en algunas situaciones. Por eso, el médico no se basa únicamente en las transaminasas. Pueden ser útiles:
- ALT, AST, GGT, bilirrubina, albúmina y plaquetas;
- glucemia, HbA1c y perfil lipídico;
- ecografía abdominal;
- escalas no invasivas de fibrosis, calculadas por el médico a partir de los análisis y la edad;
- elastografía, si existe un riesgo elevado de fibrosis.
Si en la ecografía aparecen expresiones como «esteatosis hepática», «hígado graso» o «infiltración grasa hepática», conviene comentar el resultado en un contexto metabólico, no solo hepático.
La relación con la diabetes y el peso
La diabetes de tipo 2 y la obesidad abdominal se encuentran entre los factores más importantes relacionados con la evolución de la MASLD. En la práctica, el hígado graso puede ser una señal de que el organismo tiene dificultades para gestionar la energía, las grasas y la glucosa.
Por eso, el manejo del hígado graso suele incluir la misma estrategia que la prediabetes y el síndrome metabólico: nutrición, pérdida de peso cuando sea necesaria, actividad física y control de la presión arterial, la glucemia y los lípidos.
¿Qué cambios ayudan?
- pérdida gradual de peso, bajo supervisión, si existe exceso de peso;
- reducir las bebidas azucaradas y el consumo excesivo de alcohol;
- comidas basadas en verduras, proteínas, legumbres, cereales integrales y grasas insaturadas;
- actividad física regular, combinando caminar a paso ligero con ejercicios de fuerza;
- seguimiento de la diabetes, la presión arterial y el perfil lipídico.
Para una estrategia práctica, consulte la dieta mediterránea para la diabetes y la pérdida de peso y la página de pérdida de peso bajo supervisión médica.
¿Cuándo pedir ayuda?
Si tiene diabetes, obesidad, triglicéridos elevados o transaminasas alteradas, no posponga la evaluación. Una consulta para la diabetes o una interpretación de análisis puede aclarar qué debe vigilarse y qué pasos son prioritarios.



