La retinopatía diabética es una complicación de la diabetes que afecta a los pequeños vasos sanguíneos de la retina. Puede causar visión borrosa, manchas en el campo visual, hemorragias, edema macular y, en casos graves, pérdida de visión.
Lo difícil es que al principio puede no doler ni causar síntomas evidentes. Por eso, un paciente con diabetes no debería acudir al oftalmólogo solo cuando deja de ver bien.
¿Por qué aparece?
La glucemia elevada a largo plazo daña los vasos pequeños. El riesgo aumenta con la duración de la diabetes, un control glucémico insuficiente, la presión arterial elevada, la enfermedad renal, el embarazo y otros problemas cardiovasculares. No es una culpa personal; es una complicación que hay que prevenir y detectar.
El control de la glucemia, la presión arterial y los lípidos ayuda a reducir el riesgo de progresión. Consulte también el artículo sobre los riñones en la diabetes, porque los ojos y los riñones pueden reflejar el daño de los vasos pequeños.
¿Cuándo debe hacerse la revisión?
La frecuencia exacta se establece con el oftalmólogo y el especialista en diabetes. En general, las personas con diabetes tipo 2 necesitan una exploración ocular en el momento del diagnóstico o poco después, porque la diabetes puede llevar años presente antes de detectarse. Las personas con diabetes tipo 1 reciben recomendaciones según la duración de la enfermedad y la edad. El embarazo modifica el riesgo y puede requerir un seguimiento más estrecho.
La exploración puede incluir dilatación de la pupila, fotografías de la retina, tomografía de retina u otras pruebas. Lo importante es que sea una evaluación para la diabetes, no solo una revisión de la graduación.
Síntomas que no deben ignorarse
visión borrosa de reciente aparición;
manchas, sombras o formas oscuras en el campo visual;
dificultad para leer o percibir detalles finos;
destellos, distorsiones o pérdida súbita de visión;
grandes diferencias de visión entre ambos ojos.
Los cambios bruscos de visión requieren una evaluación rápida. No espere a la siguiente revisión programada si aparece una alteración importante.
¿Qué papel tiene la HbA1c?
La HbA1c muestra la media de las glucemias de aproximadamente los últimos tres meses, pero no lo explica todo. Dos personas con la misma HbA1c pueden tener variaciones glucémicas diferentes. Aun así, un control glucémico mejor y estable, establecido de forma individual, es una de las medidas fundamentales para proteger los ojos.
No busque una reducción brusca sin supervisión médica, especialmente si tiene retinopatía avanzada o un tratamiento complejo. Los objetivos se establecen individualmente según la edad, la duración de la diabetes, el riesgo de hipoglucemia y las complicaciones.
¿Qué puede hacer entre revisiones?
siga la monitorización de la glucemia y el tratamiento prescrito;
mida la presión arterial y comente los valores elevados;
revise el perfil lipídico y el riesgo cardiovascular;
programe la revisión oftalmológica antes de que aparezcan síntomas;
no fume o pida ayuda para dejarlo;
avise al médico si aparecen cambios en la visión.
Para ajustar las comidas y el seguimiento, puede resultar útil una consulta de diabetes en línea. Si tiene muchos análisis, empiece con la interpretación de análisis.
Qué llevar al oftalmólogo
Lo ideal es acudir con los últimos valores de HbA1c, la lista de tratamientos, mediciones recientes de presión arterial, los antecedentes de diabetes y los resultados de revisiones anteriores. Si ha tenido episodios de visión borrosa, anote cuándo aparecen: por la mañana, después de comer, con glucemias altas o después de hipoglucemias. Las variaciones rápidas de glucemia pueden alterar temporalmente la visión y complicar la elección de las gafas.
Si está embarazada, planea un embarazo o tiene enfermedad renal, indíquelo. El seguimiento puede ser diferente. No retrase la revisión porque «todavía veo bien»; ese es precisamente el motivo del cribado.
El tratamiento depende del estadio
Algunas formas solo requieren seguimiento y control metabólico; otras pueden necesitar tratamientos oftalmológicos especializados. La decisión corresponde al oftalmólogo. El papel del paciente es acudir a tiempo, controlar los factores de riesgo y comunicar rápidamente los síntomas nuevos.



